Karl Marx: a 202 años de su nacimiento

Karl Marx nació el 5 de mayo de 1818 en Treveris, ciudad de Prusia. Procedente de una familia acomodada, en su juventud terminó sus estudios en la universidad de Berlín.

El joven Marx da sus primeros pasos como un hegeliano de izquierda y luego dirigiendo la Gaceta Renana, un periódico democrático radical, donde dedica varios artículos a la opresión que sufre el campesinado pobre del Mosela, quienes recogen la leña reseca caída de los arboles en los bosques de los grandes terratenientes.

El periódico es clausurado en 1843 y Marx se traslada a Paris, junto a Jenny von Westphalen con quien se había casado. Allí intenta editar una revista clandestina de tendencia radical, los “Anales franco-alemanes”. Allí Marx  ya habla de las masas y  proletariado y apela a la crítica implacable de todo lo existente. Es en Francia, donde conoce a quien será su compañero y amigo hasta el final de sus días, Federico Engels. Juntos toman contacto con el movimiento obrero y varias figuras destacadas de la época.

Marx y Engels fundan sus propias sociedades de correspondencia comunista en Bruselas, Londres y Paris con el fin de organizar a los trabajadores y despachar circulares para orientarlos en la lucha de clases, contra la reacción y los gobiernos capitalistas. Marx también dicta una serie de conferencias sobre la crítica de la economía política, dirigida a los obreros con el objetivo de entender la explotación capitalista. El plan era poner en pie una organización internacional de los obreros.

Como vemos, Marx y Engels estuvieron muy lejos de ser comunistas “de oficina” o profesores de filosofía que estaban lejos del mundo obrero. Prueba de ello también es que toda su vida serán perseguidos y expulsados por los gobiernos de varias ciudades de Europa hasta el final de sus días.

David Riazanov comenta al respecto que “a los historiadores les ha pasado inadvertido este trabajo de organización de Marx, a quien presentan como un pensador de gabinete, y no han conocido el papel de Marx como organizador, descuidando uno de los aspectos más interesantes de su personalidad. Si no se conoce el papel que Marx (y no Engels) tuvo por los años 1846-47 como dirigente e inspirador de todo ese trabajo de organización es imposible comprender la importancia que tuvo luego como organizador de 1848-49 y en la época de la I Internacional”.

Sobre esta época Lenin destaca en su biografía sobre Marx que: “En la primavera de 1847, Marx y Engels se afiliaron a una sociedad secreta de propaganda, la Liga de los Comunistas, tuvieron una participación destacada en el II Congreso de esta organización (celebrado en Londres en noviembre de 1847) y por encargo del Congreso redactaron el famoso Manifiesto del Partido Comunista que apareció en febrero de 1848. En esta obra se traza, con claridad y brillantez geniales, una nueva concepción del mundo: el materialismo consecuente, aplicado también al campo de la vida social; la dialéctica como la doctrina más completa y profunda del desarrollo; la teoría de la lucha de clases y de la histórica misión revolucionaria universal del proletariado como creador de una nueva sociedad, la sociedad comunista”.

Además de ello, un año antes de la aparición del Manifiesto Comunista editaron una revista llamada Comunismo donde ya en la primera pagina se leía: “Proletarios de todos los países ¡Uníos!”.

Poco antes del estallido de las revoluciones de 1848 en Europa, también conocida como la “primavera de los pueblos” el Manifiesto Comunista fue publicado pero no llego a tener influencia en las revoluciones. La sangrienta derrota de tal revolución, sobre todo para el caso de Francia, trajo el reflujo del movimiento obrero, la reacción levanto cabeza y la Liga Comunista se disolvió. Sin embargo, el primer paso en la fundación del socialismo científico fue dado y cambió la historia contemporánea.

Será recién en los inicios de la década de 1860 que los trabajadores de Inglaterra, Francia y Alemania vuelven a tomar la iniciativa. Cuando los trabajadores se reúnen para formar la Primera Internacional, Marx, que estaba radicado en Londres, es invitado a tomar parte del consejo general y a redactar el Manifiesto Inaugural. Allí explica sus ideas, anticipadas en el Manifiesto Comunista y fue aceptado en este primer congreso por unanimidad.

Pero ¿Cómo fue posible que si Marx no organizó el congreso a su vez lo terminó dirigiendo? Esto fue posible por la sencilla razón de que Marx no era un desconocido entre los trabajadores, los viejos militantes de la Liga de los Comunistas lo conocían muy bien, al igual que las distintas tendencias del movimiento obrero como los socialistas franceses, los anarquistas y los sindicalistas británicos. La otra razón era su talento organizador y la brillantez teórica, ya que en esa época se encontraba trabajando en su máxima obra, El Capital.

Si bien Marx no fue el organizador inicial –y efectivamente la construcción de la Primera Internacional fue obra de los trabajadores mismos–, rápidamente se puso al frente y fue el autor de numerosas resoluciones y manifiestos. La mejor prueba de ello son los que se reúnen bajo el titulo La guerra civil en Francia que describe y saca las conclusiones de esa gran insurrección de los obreros llamada la Comuna de Paris, en 1871.

Al respecto Lenin señala que “la primera Internacional había cumplido su misión histórica y dejaba paso a una época de desarrollo incomparablemente más amplio del movimiento obrero en todos los países del mundo, época en que este movimiento había de desplegarse en extensión, con la creación de partidos obreros socialistas de masas dentro de cada Estado nacional”.

Federico Engels, en su célebre discurso ante la tumba de Karl Marx:

“El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas le dejamos dos minutos solo, y cuando volvimos, le encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para siempre. (…) Marx era, ante todo, un revolucionario. Contribuir, de una manera u otra, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones del Estado creadas por ella; colaborar con la emancipación del proletariado moderno, al que había dado por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era su verdadera vocación La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos: colaboró con la Primera Gaceta del Rin en 1842; en el Vorwärts de París en 1844-48; con el Deutsche Zeitung de Bruselas en 1847; con la Nueva Gaceta Alemana en 1848-1849; en el New York Tribune de 1852 a 1861, junto a la publicación de una gran cantidad de folletos de combate; el trabajo en las organizaciones de París, Bruselas y Londres, hasta la constitución de la gran Asociación Internacional de Trabajadores, coronando toda su obra. Este era el resultado del que el autor podía estar orgulloso, incluso si no hubiera hecho ninguna otra cosa.

Por eso, Marx era el hombre más odiado y calumniado de su tiempo. Los Gobiernos, tanto los absolutistas como los republicanos, lo expulsaron. Burgueses conservadores y demócratas extremistas, competían en lanzarle mejores calumnias y maldiciones. Él descartaba todo esto de su camino como si fueran telas de araña, sin prestarle atención y sólo respondía en casos de necesidad extrema.

Él ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, diseminados por toda Europa y América, desde la minas de Siberia hasta California.

Y puedo atreverme a decir: podía tener más de un adversario, pero casi no tuvo un enemigo personal.

¡Su nombre vivirá a través de los siglos y su obra también!”

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